dijous, 18 d’agost de 2016

Refugiados GO

ANTON LOSADA

Entre un colgado que se ha gastado miles de euros persiguiendo Pikachus y los millones que va a ganar Nintendo, Apple o Google, los niños refugiados tienen que dibujar Pokémons en cartulinas y pedir que alguien los rescate

Está saliendo un verano raro. España se ha repoblado con camareros y turistas, el mundo se ha llenado de Pokémons y el Mediterráneo se ha vaciado de refugiados. Al parecer Erdogan resulta tan efectivo arreglando el problema de la oposición como arreglando el problema de los refugiados.
En invierno nos habían avisado que vendrían a millones aprovechando el buen tiempo y las mareas más favorables. Por si no nos asustaban bastante las cifras apocalípticas y las imágenes en televisión, que tanto nos recordaban las películas sobre grandes guerras y tremendas catástrofes, se nos había pronosticado un caos de imprevisibles consecuencias pero ninguna buena. Europa estaba rodeada por una marabunta humana que sólo esperaba una señal de la climatología para desplazarse. 
Hoy sabemos algo de los refugiados porque tienen una heroica representación en los Juegos Olímpicos y a nosotros siempre nos han gustado mucho esas historias tan bonitas de superación y sacrificio personal. Para ser noticia, entre un colgado que se ha gastado miles de euros persiguiendo Pikachus y los millones que va a ganar Nintendo, Apple o Google, sus hijos tienen que dibujar Pokémons en cartulinas y pedir que alguien los rescate. Se han esfumado, como en un mal sueño.
Todo lo demás es terrorismo y si no lo es, lo parece. La insistencia de los gobiernos europeos en seguir conectando por cualquier medio necesario terrorismo, inmigración y refugiados resulta tan vergonzosa como peligrosa. Un vistazo a las encuestas en toda Europa y se comprueba con facilidad que habitamos un continente donde mucha gente cree vivir rodeada de refugiados y extranjeros que, o viene a quitarle el trabajo, o vienen a matarla. A caballo de ese miedo, la derecha extrema y el neofascismo cabalgan a galope tendido hacia las instituciones sin que los mismos que lo liberaron sepan cómo pararlos.
En Siria, la guerra sigue hasta que acaben de matarse entre ellos. En Turquía el régimen de Erdogan hacina en campos de prisioneros a refugiados y opositores sin que nadie diga una palabra. Financiamos y apoyamos a otra nueva generación de dictadores corruptos y criminales porque todo vale en la supuesta "guerra contra el terrorismo". En el mar los muertos se cuentan por miles porque siguen huyendo a millones de la guerra y la muerte, como haríamos usted y yo, mientras un país rico como España, con su gobierno a la cabeza, sólo ha sido capaz de acoger a un centenar de refugiados. Esa es la realidad. No va a desaparecer por mucho que la quitemos de los telediarios o de las portadas. Luego no diga que no lo sabía.