diumenge, 29 de gener de 2017

En B, de Bárcenas

HENRIQUE MARIÑO


El 15 de julio de 2013, la declaración de Luis Bárcenas ante el juez Pablo Ruz hizo temblar los cimientos del cine español. El extesorero del PP ponía en evidencia a los guionistas indígenas con un sermón caudaloso en el que sacó a relucir a la vieja guardia del partido, de Javier Arenas a Mayor Oreja, supuestos receptores de sobres con dinero negro que redondeaban al alza sus sueldos oficiales. Bárcenas —cuyo oficio conocido hasta entonces, además de senador, había sido la gerencia y la tesorería— firmaba un texto ágil e incisivo basado en hechos que él calificaba como reales.

Aquello olía a Goya, lo que escamó a la profesión: ¿cómo podía dejarlos en evidencia el encargado de mantenimiento de un partido cuyo único trabajo en el sector había sido anotar en unos papelajos un rosario de cifras, nombres e iniciales como las que sus titulares se hacen bordar en las camisas? Hasta Rafael Azcona se revolvía en su tumba con el diálogo entre Ruz y Bárcenas a cuenta de dos abultados sobres recibidos por el presidente y la secretaria general:

- ¿A quién se los entregó usted? —pregunta el juez.

- 25.000 euros a Mariano Rajoy y 25.000 a María Dolores de Cospedal —responde el extesorero.

En la tele, darían paso a la publicidad.

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La sala no registra media entrada. Un puñado de curiosos. Una decena de plumillas. Un señor que declara desde hace horas. Detrás de él, pero dentro de la pantalla, las caracolas de Francisco Correa y el cerebro gris de Pablo Crespo, que escuchan pacientemente al fontanero que mantuvo fluidas las tuberías de Génova que conducían de la caja B del PP, objeto de otro juicio. Hoy ha venido a la Audiencia Nacional para negar que recibió comisiones de Correa, el cabecilla de la trama Gürtel, a cambio de favorecer a empresarios con contratos públicos. Durante el barcenato, el declarante se habría quedado presuntamente con el pico de las mordidas, según la Fiscalía, lo que le reportó más de un millón entre 2000 y 2007, al que habría que sumar 300.000 euros del partido.

Más allá de tener que acompañar cada sustantivo, cifra o verbo con el adjetivo presunto, llama la atención el guiño berlanguiano de la vista, pues el extesorero está siendo acusado de apropiarse de parte del supuesto dinero negro que presuntamente ingresaba su formación: ¿cien años de perdón? Él y su antecesor, Álvaro Lapuerta, eran los encargados de repartir las prebendas entre la cúpula, del presidente a los secretarios, aunque esto también es un supuesto. Hay un paisano en la sala que escucha incrédulo la declaración, y uno no puede hacer otra cosa que solidarizarse con su asombro: si el tesorero, con un pie en la contabilidad oficial y otro en la caja B, aprovechaba para quedarse con dinero negro del partido, ¿significará que en Génova había una fuga de liquidez fecal y que alguien dejaba de cobrar lo que él se llevaba? Hace tiempo que Bárcenas negó que él sea Luis, el cabrón.

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Captura de vídeo de la señal facilitada por la Audiencia Nacional de la declaración del extesorero del PP Luis Bárcenas, hoy durante el juicio del caso de corrupción política Gürtel, para quien la Fiscalía pide 42 años y seis meses de cárcel. EFE
Captura de vídeo de la señal facilitada por la Audiencia Nacional de la declaración del extesorero del PP Luis Bárcenas, hoy durante el juicio del caso de corrupción política Gürtel, para quien la Fiscalía pide 42 años y seis meses de cárcel. EFE
B es un filme de David Ilundain que reproduce la comparecencia de Bárcenas ante el juez Ruz. El guion es obra del extesorero del PP, aunque en los créditos figure otra persona. La película estimula la secreción de interjecciones y onomatopeyas entre el público. Es muy buena (siempre y cuando una declaración judicial pueda ser muy buena), aunque no se sabe quién interpreta mejor a Luis Bárcenas, si Pedro Casablanc o el propio Luis Bárcenas. Puede parecer absurdo, pero sucede con frecuencia: mucha gente representa toda su vida el mismo papel, sin que a nadie parezca importarle. Al contrario, uno va al cine a ver una de Woody Allen para ver a Woody Allen, como espera que en la próxima serieAntonio Resines encarne a Antonio Resines, y no a un personaje desconocido.

Durante más de una hora de metraje, el extesorero tira de la manta, y pasa de negar la existencia de la contabilidad B a reconocer la paternidad de los papeles de Bárcenas, que por algo llevan su nombre. Sólo han sido necesarios dieciocho días en prisión para cambiar de parecer, aunque después irá plegándose a las peticiones de su partido, hasta el punto de que el argumento de la segunda parte de la cinta resulta un misterio: el público no espera que sea un calco de la anterior, difícilmente dará un gran salto adelante y lo más probable es que sufra una regresión. ¿Qué Bárcenas interpretará Bárcenas? Lo cierto es que no se trata de una secuela canónica, sino de la versión del director (tomen aliento y pronuncien: the director's cut). O sea, a Bárcenas ya no le importa tanto la taquilla como el destino de su mujer, a la que exculpa de cualquier relación con la trama, por lo que ha presentado un montaje diferente al del filme original, eliminando algunas escenas y añadiendo otras.

Visualicen a Bárcenas proyectado en el humo del puro de Rajoy, que se recuesta en el sofá mientras ausculta la cascada de fotogramas durante un pase privado en la séptima planta.

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Cuesta imaginárselo debajo del fregadero atascado, pero aun así Bárcenas sería el fontanero más impecable del país. Él le recomendó a Rajoy que se pasase por su sastre, que la factura, ya si tal… La sede de la Audiencia en San Fernando de Henares le queda lejos, pero sobre todo corta: la alfombra roja que conduce al búnker es una calle desangelada de un polígono industrial en los estertores de la ciudad; Génova estaba más a mano. Quizás las naves y los solares vacíos que envuelven el juzgado le den un aire decinéma verité (ya saben, la España real), si bien el decorado de B, que reproducía la sala donde declaró ante Ruz, se antojaba más acogedor. Han cambiado hasta los magistrados, aunque el filme gana enteros porque se rueda en escenarios naturales. La fauna es la habitual: hay un tipo pizpireto que calza un pantalón claro al que llaman el Bigotes; también está Miguel Durán, el de la ONCE, pues resulta que es abogado; igual que Concepción Crespo, quien aprovecha el receso para charlar con su padre, Pablo Crespo, implicado en el caso.

Fuera había expectación, pero los mariachis que escoltaron a Bárcenas hasta la puerta de entrada no tardaron en irse. Los rigores del frío y la minuta, que corrió a cuenta de GonzoEl Intermedio: todo Madrid está acatarrado, excepto el extesorero, más entero que un moái de la isla de Pascua. También estaba Padín, el arrepentido de la Operación Nécora, que se ha quedado colgado en Garzón. “Prevaricador en la Gürtel”, reza su letrero acusador. Más voluminoso el lema de Martín Sagrera, jubilado pancartista, que planea ante el enjambre de cámaras: “Bárcenas y Rajoy siguen fuertes hoy”.

Tras el Comité Ejecutivo del PP, que se celebró hoy, el líder popular envió al emisarioPablo Casado ante la prensa para quitarle hierro a la caja B del partido. Es decir, la “contabilidad extracontable", que diría el extesorero durante sus respuestas a la fiscala anticorrupción Concepción Sabadell, quien pide para él más de 42 años de cárcel y una multa de 89 millones. Pese a ello, está más comedido que en B, aunque sigue haciendo gala de su seguridad en sí mismo y de una memoria prodigiosa (si recuerda todo lo que dice, cuántos secretos evitará rememorar).

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A Correa se le subió a la cabeza el rollo, cree el acusado, quien deja claro que en 2003 Rajoy se quitó de encima al jefe de la Gürtel después de que un empresario y su yerno le dieran un toque: hacía negocios en nombre del PP, porque “creía que el partido era suyo”. Correa, un botones hecho a sí mismo, luce más la guita que Bárcenas, que para eso se la ha ganado mitin a mitin. El hombre que entretejió la caja B en la contabilidad oficial del PP entre 1990 y 2008 parece, en cambio, que nació trajeado. Puede mentir, pero lo hace con elegancia. O sea, convencido de que todo lo que desborda su boca es una verdad revelada, aunque para ello sea necesario reescribir la historia.

Hoy, por ejemplo, Rajoy no cobró sobresueldos, aunque en 2013 llegó a entregarle personalmente el sobre. Tampoco se quedó con dinero de la contabilidad paralela, ni mucho menos recibió pasta de la mano de Correa, a quien ningunea cuando asegura que no pintaba nada entre Florentino Pérez —o Villar Mir— y el PP. Le faltó decir para remachar el desprecio: ¡para qué van a necesitar un conseguidor, si ya tienen el palco del Bernabéu!

En fin, quizás no haya tercera parte, pero el guion está cantado. Habría que cambiar su mano ejecutora por la de Cospedal o la de cualquier inquilino que siga mandando en Génova, donde él decidía hasta qué despacho le tocaba a cada quien. Pues eso, que dejen abierta esta entrega para que en la próxima comparezca ante las cámaras el líder o lideresa popular de turno para denunciar el saqueo (en fin, el supuesto saqueo) de la caja negra cometido por Bárcenas. Un jumping the shark en toda regla, pues supondría admitir que el partido se financió ilegalmente durante casi dos décadas, si bien el meneo argumental podría minar la credibilidad de la franquicia. O, ya puestos, todo lo contrario: resulta improbable, pero verosímil.