dimarts, 7 de febrer de 2017

Artur Mas, un alumno aventajado de Jordi Pujol

ENRIC SOPENA


Artur Mas es un producto de la familia Pujol, tan nutrida de hijos corruptos, como es bien sabido. En su comparecencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya subrayó una vez más que la iniciativa de la consulta en urnas de cartón del 9 de Noviembre de 2014 fue responsabilidad exclusivamente suya y de su Gobierno.
Acaso el expresidente de la Generalitat habría leído uno de los libros de Memorias de Jordi Pujol, Tiempo de Construir: “Me convierto en un hombre que actúa. Un patriota que trabaja a favor de Cataluña”.
También Mas se presentó ante el Tribunal que lo juzga con la petulancia de quien todavía se cree la primera autoridad de Catalunya. Así se lo hizo notar el presidente del TSJC, Jesús María Barrientos, cuando le advirtió que no estaba allí en calidad de Presidente de la Generalitat sino en calidad de acusado.
 Mas se presenta ante el Tribunal que lo juzga con la petulancia de quien todavía se cree la primera autoridad de Catalunya
Artur Mas siguió al dedillo la doctrina aprendida de su gran maestro. Si Jordi Pujol escribió: “Solos no podíamos construir el país, y la construcción del país era nuestra ambición”, el acusado basó su defensa en que actuó en cumplimiento de un mandato democrático del Parlament.
Como dijera el patriarca a su secretario general e íntimo amigo, Lluís Prenafeta, en mayo de 1980 tras tomar posesión de su cargo de manos de Josep Tarradellas: “Lluís, en estos momentos la Generalitat somos tú y yo.” Y bien que los dos se aprovecharon de la situación, como ha quedado más que demostrado.
Ante el TSJC, Artur Mas se presentó como el más fiel seguidor de los mandatos del Parlament de Catalunya, sin tener en cuenta que la Cámara catalana se enmarca en la Constitución Española, como también ocurre con el Tribunal Constitucional. 
Para dejar constancia de que manejan los tiempos, tanto Artur Mas, como las conselleras Irene Rigau y Joana Ortega, también encausadas, dieron plantón al Tribunal. Durante media hora se dejaron mecer por los arrullos de sus admiradores que aguardaban a las puertas del TSJC. Cuarenta mil, según la Guardia Urbana de Barcelona.
Y la escenificación no ha hecho más que empezar.