dimecres, 31 de maig de 2017

Y el PSOE llegó al 15M

GERARDO TECÉ

Susana Díaz tenía razón: el PSOE actual no gana elecciones. Ni siquiera primarias del PSOE. Ni aunque sean primarias dirigidas, con todo el aparato y la armada mediática empujando en la misma dirección. Ni por esas. Son muchos años de traición y decepción acumulados. Se hizo lo que se pudo, le diría un médico a los familiares, barones y amigos nostálgicos del paciente. El PSOE ha muerto, que viva el PSOE. La imagen de ayer no es la del mal perder de Susana Díaz, felicitando a Pedro Sánchez sin nombrarlo. Tampoco lo es la alegría del vencedor de la noche, empujado a jugar un papel revolucionario imposible de imaginar en alguien de su perfil hace un año. La imagen de la jornada de ayer es la de los militantes en la calle pidiendo entrar a una sede de Ferraz que hasta anoche no era suya, mientras en los despachos cerrados el oficialismo gritaba “socialdemocracia, trágame”. Antonio Hernando, la personificación de esa forma de entender la política sin valores, no sabía si medirse el cuello para la guillotina o disimular gritando “no hay pan pa tanto chorizo”, porque aquello tenía tanto de Toma de la Bastilla como de 15M socialista. Han tardado seis años pero, al parecer, han llegado.
Las primarias del PSOE no solo las perdieron Susana Díaz y el viejo aparato. También quien ha sido durante décadas la fuente ideológica del socialismo español. El diario El País ya no es el referente. No lo es desde hace años, pero se enteraron definitivamente anoche. Y, como Susana, tampoco la dirección de El País tuvo buen perder en estas primarias que forzó, convocó y a las que se presentó. Su editorial, catastrofista y lleno de bilis, retrata bien un modelo de prensa, superada por la realidad, que ya ni construye relato ni sirve para entender qué sucede. Todos populistas, menos quienes sostienen a Rajoy y abrazan venezolanos ante las cámaras. Si alguien se ha informado de lo que ocurría en el PSOE durante los últimos años exclusivamente leyendo este periódico, no entenderá nada de lo que ayer sucedió: ¿Los militantes devuelven mayoritariamente al poder al loco culpable de destruir el PSOE? Esperemos que a El País algún día también le llegue su 15M, es decir, que vuelva a hacer su trabajo: vigilar al poder.
¿Y ahora qué? Ahora tenemos la constatación numérica de que nos gobierna alguien a quien la voluntad mayoritaria de los votantes, expresada en escaños, no quería en el Gobierno. Las maniobras subterráneas de la gestora sirvieron para apuntalar el edificio en ruinas robándoles la voz a quienes no votaron indiferencia, sino contra Rajoy. Pero el temblor de ayer vuelve a mostrar las grietas. Defender que la mejor solución era mantener  un partido corrupto y que echarlo era una locura populista solo se sostiene si comes del mismo pastel que los corruptos. Y la militancia del PSOE ha votado arreglar la casa, no apuntalarla. El instrumento para sacar del Gobierno a quien lo ocupa de manera ilegítima está ahí. En Podemos, maestros del marketing, se adelantaron a registrar la marca moción de censura, pero ahora tendrán que compartirla con el PSOE que llega. ¿Viviremos una segunda parte de aquella escena en la que Iglesias y Sánchez simularon querer ponerse de acuerdo o intentarán ponerse de acuerdo? ¿Qué Pedro Sánchez tendremos ahora? ¿El que le lanzaba a Iglesias la URSS a la cara, el que canta La Internacional o un tercer Pedro Sánchez? Hay demasiados Pedros Sánchez, pero también demasiados partidos estatales a la izquierda del tablero. Cinco. Dos PSOE, dos Podemos y una Izquierda Unida. Partido Popular hay uno, grande y podrido. Pero la solución al problema no pasa por los partidos y sus escenificaciones, sino por una decencia ciudadana radical, que desborde a base de ética, no permitiendo ni por activa ni por pasiva que con su voto se siga alimentando a quien destruye el país a base de mangoneo y pelotazos. Lo de ayer fue un buen paso.