dijous, 2 de maig del 2013

La gran responsable de que esta crisis no acabe se llama Angela Merkel

Ignacio Escolar (Director de eldiario.es

Francia bate también sus récords de desempleo. Y mientras tanto Angela Merkel, siempre tan solidaria, presiona al BCE para que no se le ocurra bajar los tipos de interés del euro. Para ella, la inhumana canciller alemana, el problema no es la recesión. No es el paro. No es el dolor que sus fallidas políticas de la austeridad están provocando en medio continente, en millones y millones de personas. No: el problema para Merkel es… ¡la inflación!España supera los seis millones de parados.Tres noticias muy relacionadas entre sí:
Es solo un ejemplo más del mezquino comportamiento de la canciller alemana. No es el único.
Angela Merkel retrasó el primer rescate a Grecia y provocó un terremoto que aún no hemos solucionado porque tenía elecciones regionales en Renania y no era popular ayudar a esos vagos mediterráneos. Para colmo, perdió las elecciones.
Angela Merkel rescató al sector financiero español con el dinero de los contribuyentes españoles –que son quienes pagaremos esa fiesta– para salvar a los bancos alemanes. ¿Por qué no les dejó caer, como ha hecho en Chipre? Sencillo: porque en Chipre los que salían perjudicados eran los rusos, no los alemanes. Que se jodan.
Angela Merkel lleva un lustro empecinada en un tremendo dislate, en unas políticas de austeridad basadas en un excel con errores en las fórmulas. Como consecuencia, Europa es la única gran área económica que aún no ha salido de este infierno. ¿Es hora de cambiar de estrategia? No. Para Merkel, lo importante es la inflación. Y ya verán cómo la austeridad da sus frutos en 2020 o en el 2030 o cuando todos nos hayamos muerto.
Cuando se escriba la historia de esta gran depresión del siglo XXI, si es que algún día se acaba, que nadie olvide quién puso más de su parte para agravar la depresión, agudizar el dolor y llevar a la miseria a millones de personas en media Europa. Se llama Angela Merkel. Ella no provocó la crisis, claro que no. Ella no es la única culpable, no es tan simple ni perdona nuestros propios errores, que son graves. El comportamiento de Alemania no sirve de excusa para nuestros aeropuertos peatonales, nuestra corrupción sistémica, nuestro fallido sistema fiscal ni nuestra burbuja inmobiliaria; no fue ella tampoco quien construyó una unión monetaria sobre la que se construyó una asimétrica unión económica sin verdadera unión política. Pero Merkel –como símbolo del Gobierno de alemán y de los intereses de su país sobre el bienestar del resto de Europa– es hoy la máxima responsable de que esta crisis se esté alargando innecesariamente. Es ella quien ha embarcado a Europa en esta locura donde un punto y medio de inflación alemán es más preocupante que un 26% de paro español. Es la doctora sádica que aplica esta medicina envenenada.
La crisis de la deuda que explotó en 2008 fue global. No hay duda de eso. Pero solo Europa sigue atrapada en ella, mientras el resto del planeta ha salido del pozo.
Todas las demás zonas económicas del mundo han aplicado la misma receta: inyectar dinero a carretadas en la economía para así salir del bache; apretar a fondo el acelerador sin preocuparse de la inflación ni tampoco por el aumento de la deuda pública. Sus bancos centrales han comprado sus bonos del estado para garantizar la solvencia de las cuentas públicas y que el pago de intereses no se coma la mitad de los presupuestos. Lo ha hecho Estados Unidos, lo ha hecho Reino Unido, lo está haciendo Japón. Lo ha hecho todo el mundo menos la zona euro, que sigue el camino de la austeridad por el empecinamiento de Merkel: una suerte de penitencia moral, que solo está provocando dolor sin expiar los pecados. Cinco años después, seis millones largos de parados, dos millones de familias sin ingresos en España, media Europa sumergida y la propia industria alemana tocada por la caída del mercado europeo, ¿qué más evidencias hacen falta de que vamos por el camino equivocado?

La inflación y los tipos en tres párrafos

Un apunte para los legos en economía. El tipo de interés es lo más parecido al pedal del acelerador de la economía. Si bajas el tipo de interés y abaratas el crédito, la economía crece más deprisa. Si lo subes, ralentizas el crecimiento económico (si lo hay) y evitas así que el motor se recaliente y que los precios suban.
El tipo de interés nunca han estado tan bajo en Europa: a solo el 0,75%. Sin embargo, la recesión es tan profunda en el continente –y las pocas economías que crecen lo hacen tan despacio– que los precios no suben gran cosa y la inflación está bastante baja. En Alemania el último dato interanual fue del 1,4%, muy cerca de su mínimo histórico.
El Banco Central Europeo –a imitación del Bundesbank alemán– tiene como objetivo que la inflación no supere el 2%. Parece improbable que lo haga, incluso si los tipos bajan. Pero, por si acaso Merkel está presionando al BCE para que no se les ocurra bajar los tipos. Lo importante, ya saben, es la inflación alemana. No el paro y la recesión de medio continente europeo.

dimecres, 1 de maig del 2013

La necesaria renovación de los sindicatos

Antonio Antón
Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
Este 1º de Mayo: ¡Lucha por tus derechos!. Es el lema central de los grandes sindicatos, CC.OO y UGT, frente al temor de la ofensiva gubernamental y los poderes económicos, caracterizada de antisocial y que según ellos No tiene límites. Supone una ardua tarea que exige un gran esfuerzo de movilización social y, al mismo tiempo, una renovación de los propios sindicatos para hacer frente a sus insuficiencias de legitimidad social y capacidad reivindicativa.
La acción sindical y la función de los sindicatos se legitiman por los logros sustantivos alcanzados en su doble finalidad: avances reivindicativos (o freno a los retrocesos) y capacidad representativa y transformadora. Los representantes sindicales son medios imprescindibles para defender las condiciones y demandas de sus bases sociales y de la mayoría de la sociedad. Los derechos sindicales y la representatividad y la operatividad de las estructuras de los sindicatos son instrumentos necesarios en el complejo proceso de mediación sociolaboral, que también requiere adecuados instrumentos organizativos, de información y asesoramiento.
La actual ofensiva de la política de austeridad, además de imponer un retroceso en las condiciones y derechos sociolaborales de la mayoría de la sociedad, también pretende debilitar la función reivindicativa, social, representativa y dinamizadora de los sindicatos y limitar su capacidad contractual y transformadora. Defender esos derechos sindicales, reafirmar el papel del sindicalismo, se convierte en un objetivo adicional. La idea de ‘salvar al sindicato’ puede sintetizar el interés legítimo de la representación sindical. No obstante, también se corre otro peligro: priorizar la defensa del estatus de los aparatos de los grandes sindicatos o sustituir los fines por los medios. Se produce la disociación entre interés del sindicato e intereses de sus bases sociales y la sociedad que, a veces, lo ven como algo ajeno.
Así, existen deficiencias de legitimidad social, particularmente, para determinadas actuaciones de las cúpulas sindicales que no sintonizan con sectores significativos de la ciudadanía. Por tanto, es fundamental la renovación profunda de los sindicatos para reforzar su legitimidad, su capacidad articuladora y su eficacia reivindicativa.
Existe una amplia desconfianza ciudadana en los líderes políticos. Pero, es especialmente preocupante el poco prestigio de los sindicatos que, según distintas encuestas de opinión, se queda en un apoyo escaso del 29% de la población. En la percepción de la gente, los sindicatos, al igual que los partidos políticos, son fundamentalmente sus aparatos y sus cúpulas, no el conjunto del movimiento sindical. En este caso, la alta burocracia sindical no cuenta con una gran confianza popular, aunque se pueda deducir que es algo más superior entre la población asalariada y, particularmente, en las grandes empresas donde se concentran los núcleos sindicales fundamentales.
Las direcciones sindicales han cometido algunos errores estratégicos, como el aval al recorte de los derechos de las pensiones (enero de 2011), que tuvo grandes dificultades de legitimación social, y la firma con las organizaciones empresariales de los pactos para la negociación colectiva con pérdida de poder adquisitivo de los salarios (enero de 2012), que no evitó la ofensiva del nuevo Gobierno del PP y la implantación de la agresiva reforma laboral y los siguientes ajustes y recortes. Esos pactos institucionales son el pretexto utilizado por una parte de la opinión indignada para meterlos, injustificadamente, en el mismo saco que la clase política gestora de los recortes. Confluyen dos dinámicas. Por un lado, la relativa desafección de algunas capas trabajadoras y de jóvenes precarios e indignados hacia las estructuras sindicales. Por otro lado, la ofensiva cultural de la derecha mediática y política, intentando presentarlas como obsoletas y corporativas, cuando todavía son el instrumento principal de defensa de las clases trabajadoras, existente en las empresas y en el marco más general.
El sindicalismo tiene una amplia representatividad, con cerca de tres millones de afiliados y seis millones de votantes y articulan la representación de la mayoría de los quince millones de asalariados en la negociación colectiva y el diálogo social. Los representantes directos de trabajadores y trabajadoras realizan una ardua tarea en las empresas de asesoramiento y defensa de sus representados frente a la coacción empresarial. Además, a pesar de esos errores de estrategia sindical o de distintas prácticas burocráticas, los sindicatos han promovido, con el arrope de múltiples grupos sociales y distintos altibajos, la más amplia contestación social en España de los últimos tiempos, con tres huelgas generales (entre cuatro y cinco millones de participantes), grandes manifestaciones (entre uno y dos millones) y movilizaciones y conflictos sectoriales y ciudadanos masivos (como en enseñanza y sanidad). Son instrumentos fundamentales para defender a las clases trabajadoras y promover el cambio social.
El sindicalismo sigue en una encrucijada estratégica. El diálogo social, en el actual contexto, tiene poca operatividad. Los sindicatos tienen el reto de fortalecer la oposición a estas políticas de ajuste duro y austeridad, defender los derechos sociales y laborales de las clases trabajadoras y estimular un amplio proceso participativo que asegure un cambio social progresista. No obstante, existe un desequilibrio entre, por un lado, la amplia capacidad de movilización y articulación social del sindicalismo y la gran representatividad de sus representantes directos en las empresas (más de trescientos mil delegados y delegadas) y, por otro lado, la débil legitimidad ciudadana de sus dirigentes y aparatos, aun cuando mantengan la confianza de gran parte de sus estructuras de base.
Los recientes Congresos confederales de CC.OO y UGT han puesto a punto sus estrategias. En particular, el primero de ellos ha hecho alusión en su lema central a la tarea de renovar el sindicato. Es una imperiosa necesidad abordar una profunda renovación de sus dinámicas organizativas y sus discursos, para reorientar su acción reivindicativa, fortalecer su dimensión social y ampliar su capacidad representativa y contractual. Favorecerá la apuesta progresista contra la austeridad y por los derechos sociolaborales y democráticos y una salida justa de la crisis.

LA GENERALITAT I L’AJUNTAMENT DE BARCELONA: DUES CARES DE LA MATEIXA MONEDA

A diferència de Mas, Xavier Trias, l’alcalde de Barcelona, no ha pogut fer eleccions anticipades. De poder-ho haver fet, de ben segur que no s’ho hauria pensat dues vegades.
Amb quasi dos anys de govern, Trias (que governa en minoria) no ha aconseguit conformar un pacte sòlid que donés estabilitat al seu mandat. Fins ara, la resta de partits que conformen el consistori barceloní, li han donar carbasses i només ha pogut assolir pactes puntuals.
Finalment sembla ser que ha trobat qui li pugui servir de crossa fins el final de la legislatura. El popular Alberto Fernández Díaz s’ha mostrat d’acord en arribar a un pacte fins el 2015 quan hi tornaran a haver-hi les eleccions municipals.
Per una altra banda, hi ha indicis raonables que Mas, davant l’actitud immobilista d’ERC i la por de no poder tirar endavant els pressupostos per aquest 2013, s’hagi de decantar per un altre partit.
El PSC no està disposat a concedir-li un xec en blanc i no li permetrà ni una retallada més. Sap que es juga bona part del poc prestigi que els hi queda (encara que sembla que, darrerament, el seu realisme, els ha fet remuntar una mica) Per tant, Mas haurà de buscar algú que, per una part li garantís aprovar els pressupostos i, per l’altra, fer-li de mitjancer amb Madrid per a desbloquejar els temes econòmics pendents.
Ara per ara, aquest soci ideal torna a ser el PP. Després d’un any de divorci, tot sembla indicar que hi pot haver una reconciliació política immediata. Per a Mas, el referèndum sobre la independència de Catalunya pot esperar més enllà de 2014; en canvi, la governabilitat de Catalunya depèn de les transferències de fons que li puguin arribar de Madrid.
Aquests diners són necessaris per calmar les protestes dels carrers com la que va tenir lloc a Barcelona el passat diumenge. El clam contra les retallades i pèrdua de drets és força generalitzada i pot anar a més. Per a un govern no hi ha res pitjor que una revolta social de grans dimensions. Com diu la cançó, el pueblo unido jamás será vencido. I si, a sobre, el govern és feble, encara hi ha més motius per a resguardar-se d’aquests tipus de situacions.
Tot sembla indicar que Trias, al front del consistori barceloní està obrint el camí de Mas cap a pactes amb el PP. Si, finalment, s’arriba a acords estables, la Generalitat i l’Ajuntament de Barcelona seran cares de la mateixa moneda. El problema és que una dependència absoluta del PP serà contraproduent tant per a CiU (em dona igual), com per a Catalunya. I és aquí quan començo a preocupar-me.

Pepa Bueno pide al Gobierno declarar un “estado de emergencia” y salir de su “insólito silencio”

La periodista de la SER califica de “desvarío” que el PP diga que “no hay que dejarse cegar por los 6.202.700 de parados” 

Duro editorial de Pepa Bueno, este viernes, en Hoy por hoy en la SER, un día después de la publicación de la cifra del paro, en el que llama a declarar “un estado de emergencia nacional” y critica el silencio del Gobierno, que no deja de pedir “confianza ciega en sus políticas económicas.
El insólito silencio del Gobierno
“El Gobierno calla, no habla; insólitamente, no hablaron ni el presidente ni ninguno de sus ministros. Sus enviados nos pidieron de nuevo confianza ciega en sus políticas económicas, que son las políticas de Alemania, del BCE, el FMI y la Comisión Europea. Bruselas, por cierto, aprieta con una mano y pide con la otra soluciones al paro que contribuye a crear”, afirma la periodista en su análisis.
Desvarío del PP
Pepa Bueno califica de “desvarío” que el PP se dedique a pedir que “no nos dejemos cegar por la cifra de 6.202.700 parados”. “No es que nos ciegue, es que no nos deja pensar en otra cosa saber que hay seis millones de compatriotas condenados al desempleo”, subraya Bueno en su editorial de esta mañana, al referirse a las palabras dichas ayer por el número tres del PP, Carlos Floriano, quien pidió que el dato conocido  no debe cegarnos, para continuar con las reformas del Gobierno. “Ese dato de paro no debe ser obstáculo ni tapar el esfuerzo de la sociedad española para remover todos los obstáculos que impedían el crecimiento y la creación de empleo. Que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias”, afirmó el dirigente popular.
Una urgencia social
Bueno llama al Gobierno a “cambiar sus políticas” de manera urgente para que la economía puede moverse, crecer, se incentive el consumo y genere empleo. “No es una urgencia económica. Es una urgencia social. Y en cambio, aquí estamos, encogidos ante otro previsible anuncio de nuevos recortes, este mediodía, tras el consejo de ministros”, señala la presentadora de Hoy por hoy.
¿Qué va a hacer el Gobierno?
Pepa Bueno exige en su editorial al Gobierno que aclare que va a hacer el Gobierno para “sacar a España del atolladero. Hoy como ayer, pero ya con la certeza de los datos en la mano. ¿Cuál es la estrategia? ¿Cuál es el modelo de futuro? ¿Cuáles las decisiones políticas? Nada. Sólo nos llega el eco de los recortes. Piden fe y guardan silencio”, afirma la periodista.