dimarts, 28 de maig del 2013

El placer de aprender y la pasión de enseñar

Lidia Falcón
Abogada y escritora. Líder del Partido Feminista

Con la noticia de la aprobación del proyecto de Ley de Educación de Wert se me agolpan los recuerdos de las sucesivas experiencias que la instrucción pública ha sufrido en nuestro país. No olvidemos que el Ministerio de la II República se llamaba expresamente así, cuando los hombres y mujeres ilustrados, formados en la Institución Libre de Enseñanza, creían que la implantación de un sistema de enseñanza, público, obligatorio, laico, igualitario, universal y gratuito, basado en los valores de la moral de la Ilustración, haría de España un país avanzado, desarrollado y libre. Precisamente el proyecto que tuvo la II República y que tan sangrientamente fue destrozado por la Guerra civil y la dictadura.
Pues bien, en ningún momento de estos tan alabados años de democracia, que no de República, no hemos logrado recuperar aquel bendito plan de enseñanza cuyo último Ministro Marcelino Domingo implantó en los últimos años de su mandato. Ni los socialistas, siempre estrangulados por su temor a la Iglesia, a la burguesía y a los poderes financieros, que con evidente cobardía nunca se atreven a molestar a las oligarquías; ni por supuesto los populares que vienen a cumplir los propósitos de sus amos: capitalistas, OPUS, vaticanistas, han reimplantado en España un sistema escolar que siguiera los pasos de nuestros admirables maestros republicanos.
No solamente no se han construido escuelas públicas en la proporción necesaria, confiando buena parte de la enseñanza a los colegios privados –esos que ahora se llaman concertados-, y que pagamos con fondos públicos, la mayoría de los cuales naturalmente son religiosos; no solamente no se ha dotado de medios económicos a los colegios e institutos, no se ha contratado a los profesores necesarios para que las aulas no estén saturadas, sino que, sobre todo, sobre todo, se ha procurado desprestigiar a la escuela pública y a sus maestros. Exactamente la política contraria a la que realizaron, con tanto esfuerzo y entusiasmo los hombres y mujeres de la II República.
Los políticos que han gobernado en nuestro país en los últimos treinta años se han complacido en cumplir en primer lugar las exigencias de la Iglesia, proporcionando clases de religión cuyos profesores se pagan del erario público. Y por supuesto han puesto el sistema educativo al servicio del capital. Las escuelas y las Universidades privadas proliferan por todo el país, prestigiándose a pesar de poseer un nivel detestable, gracias a que los gobiernos han difundido de la idea de que la escuela pública es de muy mala calidad y que cualquier familia que se precie ha de matricular a sus hijos en la privada. Esa que lleva nombres tan modernos y liberales como Sagrado Corazón, Esclavas de Jesús, Esclavas de María, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Nuestra Señora de Lourdes, Escolapios, Franciscanos, Maristas, etc.etc.
Los programas escolares están dirigidos a cubrir las necesidades de las empresas y en absoluto a dotar de capacidad de pensamiento y de crítica, así como sabiduría, a los alumnos, de tal modo que en estos años se han ido rebajando de categoría, hasta casi desaparecer, todas aquellas materias que forman realmente a los individuos para que se conviertan en personas, y que hoy se consideran inútiles: Latín, Griego, Filosofía, Arte, Lengua, Literatura, Historia, Sociología, Música. Inútiles para formar trabajadores del capital, que sólo requiere trabajadores manuales especializados, o gestores de las empresas. El plan Bolonia es el delirio de este proyecto, que el capital europeo ha impuesto con saña y que en nuestro desgraciado país, ya desangrado por el avance sin piedad de las exigencias de la oligarquía, llevará al final desguazamiento de la enseñanza humanística y clásica.
Lo verdaderamente patético no es que la nueva ley Wert imponga evaluaciones periódicas, rebaje la edad para decidir la Formación Profesional o el Bachillerato, o sitúe a la Religión como asignatura troncal, como se están complaciendo en criticar los opositores a esa ley, con una indignación sorprendida, totalmente infantil. Esas medidas eran perfectamente previsibles, ya que están en el ADN de la derecha española, y únicamente vienen a agravar las terribles carencias anteriores. Lo que ha desmontado nuestro sistema educativo ha sido la política implantada desde el comienzo de la democracia, y especialmente desde el triunfo del PSOE en 1982, cuando se estimó que lo importante para que “España funcionara” como destacaron González y Guerra, era que los estudiantes se prepararan para competir con la empresa capitalista europea. Y ese propósito, ni siquiera conseguido porque la escuela española no ha asumido nunca que hay que enseñar a las niñas y a los niños la perfección de las tareas, se tenía que alcanzar estudiando materias técnicas y de administración de empresa y despreciando todo el acervo que forma parte de la cultura universal.
Entrar en la carrera de la competitividad implica la exaltación del individualismo frente a la tarea colectiva, imponer la meritocracia frente al avance de la mayoría, que tan abandonada estaba, y dedicar todos los esfuerzos a ganar dinero, como con tanta arrogancia afirmó Carlos Solchaga, cuando era ministro de Economía, presumiendo de que España era el país donde era más fácil hacerse rico en poco tiempo. Cuando la burbuja inmobiliaria atrajo a miles de jóvenes a acarrear ladrillos porque era más lucrativo que estudiar, el fracaso de la escuela pública estaba garantizado.
Cuando se elaboró el primer informe PISA me dejó pasmada la reacción de los profesores, algunos de los cuales tengo en la mayor estima. Parecían sorprendidos por los resultados como si nunca, en sus muchos años de trabajo en la docencia hubiesen podido imaginar que sus alumnos padecían las carencias que allí se evidenciaron. Recuerdo que a una de las directoras de Instituto le escribí que yo, que tenía pasantes de mi bufete, Licenciadas en Derecho y abogadas en ejercicio, que no sabían leer ni escribir, conocía desde hacía tiempo el nivel cultural de nuestros jóvenes y que no comprendía como ellos, los profesores que se dedicaban a eso, no se habían enterado antes.
Pero es que el desprecio con que se trata a los profesores desde la implantación de la dictadura, y que apenas se ha mejorado en la democracia, es otra de las simas que no se han superado y que condenan irremisiblemente al fracaso a nuestro sistema educativo. Mal pagados, abrumados por tareas superiores a cualquier capacidad humana, y denostados como culpables del retraso endémico de nuestra instrucción, los profesores se han convertido en un colectivo de segunda categoría al que muy pocos querrían pertenecer. De tal modo, la enseñanza es el último remedio para obtener un empleo, cuando no se puede administrar una empresa rentable o el nivel de las pruebas no permite acceder a la física nuclear. En consecuencia, una buena parte del profesorado no tiene vocación alguna para una tarea tan dura, tan ingrata, tan mal retribuida y tan poco estimada. Y con la desgana con que enseñan los alumnos no pueden sentirse motivados. En consecuencia, unos constituyen una clase explotada y sin reconocimiento, y los otros se convierten en ciudadanos mal formados, desinteresados de la cultura y frustrados en sus pretensiones de hacerse ricos.
Por tanto, nuestros profesores y nuestros alumnos desconocen lo que fue la máxima ambición de la II República, que aquellos sintieran la pasión de enseñar y estos el placer de aprender.

dilluns, 27 de maig del 2013

ESTAFATS DUES VEGADES

Què les preferents que van emetre la quasi totalitat d’entitats financeres i que van subscriure, majoritàriament la gent gran van ser una estafa, cada cop està més clar.
Si en alguns casos ja es va dir que se’ls aplicaria una quitança d’aproximadament el 65%, ara només faltava que les convertissin en unes accions que cada dia que passa valen menys.
Segurament podria estar parlant de qualsevol entitat financera, però com tampoc voldria posar-les totes al mateix sac (per si de cas)parlaré de Bankia, una de les estafes més sonades d’aquest país després de MATESA, SOFICO y RUMASA, entre d’altres.
Com tots sabeu, Bankia va ser el resultat de la fusió de diverses entitats financeres fruit de la regularització del sector. Les dues més importants eren Bancaja (la que va servir als interessos del PP valencià) i Caja Madrid (que va fer el mateix amb el PP de Madrid –només cal recordar que l’Esperanza Aguirre va posar al front de la mateixa a Miguel Belsa que d’economia no sabia res, però que tenia el valor afegit de ser amic de José María Aznar)
Bankia va entrar en borsa i fins i tot va cotitza a Nova York. Avui l’acció val molt menys de 1 euro i segueix en caiguda lliure. Però el més sorprenent és que en aquests darrers dies ha baixat moltíssim: entre dimecres i dijous s’ha devaluat més del 50%. I a què es deu? A que dilluns hi haurà un canvi de referents per accions i, per tant, qui compri accions a partir de dilluns ho farà a un preu irrisori. No serà el mateix per al que les vengui, la majoria preferentistes que es veuran així estafats dues vegades.
La Comissió Nacional del Mercat de Valors ha obert una investigació per esbrinar els fets, però em temo que no hi ha prou mecanismes de control per a evitar casos com aquests. Com tampoc els hi havia per a controlar els abusos que han fet bona part dels banquers (cal distingir entre banquers i empleats de la banca) en referència als sobresous, indemnitzacions i pensions.
Mentre alguns s’arruïnen, els altres gaudiran d’una jubilació de luxe pagada pels arruïnats. I mentre, el nostre govern, apujant impostos i eliminant drets de les classes populars. Algú s’ho hauria de fer mirar… I no només els polítics.

PAISATGES DEL NOSTRE TERRITORI. LES OLIVERES MIL·LENÀRIES DEL POU DEL MAS DE LA JANA I












 



Artur Mas, un desenllaç ajornat

Joaquim Coll -historiador-

El placebo és una substància sense cap mena d'acció terapèutica, però que en alguns casos i temporalment pot tenir un efecte curatiu si qui la rep creu que sí que en té. En aquest sentit, és molt reveladora la insistència del missatge sobiranista, a vegades en boca del conseller Francesc Homs i altres del líder d'ERC, Oriol Junqueras, de vincular la celebració de la consulta amb la sortida de la crisi, com si la seva sola convocatòria hagués d'animar el consum, crear empreses o ocupació. Enmig d'un escenari socialment tan dramàtic, la il·lusió que molts projecten en la transició nacional comença a tenir característiques d'autèntic placebo. La prioritat que el Govern d'Artur Mas va donar a la convocatòria, fa unes setmanes, de la cimera per impulsar un nou instrument del «procés», el Pacte pel Dret a Decidir, es va justificar en gran mesura des d'aquesta perspectiva davant les crítiques rebudes perquè altres trobades per abordar les greus qüestions socioeconòmiques seguien sense ­tenir una data fixada.
DES QUE va començar la legislatura, no hi ha sessió parlamentària en què no es discuteixi per un motiu o un altre de la transició nacional. És indubtable que el marge econòmic de la Generalitat és estret. Ara bé, governar és assumir responsabilitats que ja es coneixien per endavant, prioritzar actuacions i, sobretot, fer uns comptes sense els quals un Govern no pot comprometre's amb els agents socials en aspectes estratègics per a la recuperació econòmica. Fins que no hi hagi nous pressupostos per a aquest any i també per al vinent, el rellançat acord amb sindicats i empresaris no serà res més que un conjunt de bones intencions. D'aquí el gran escepticisme rere la foto. El més greu és que per suplir aquestes carències es pretengui enganyar la ciutadania establint una relació causal entre la celebració de la consulta, òbviament per aconseguir la secessió, i la sortida de la crisi.
Primer, perquè es tracta d'un desig polític, que obeeix a raons identitàries, a la idea nacionalista que no hi ha nació plena sense Estat propi. Segon, suposant que pogués celebrar-se una consulta el 2014, cosa improbable sense una reforma constitucional prèvia, s'obriria llavors un ventall enorme d'incerteses econòmiques. És absurd creure que la ruptura seria indolora i innòcua. A curt termini, les dues economies, la catalana i l'espanyola, registrarien un impacte negatiu pels anomenats costos de transició i de frontera. És impossible determinar quin percentatge de caiguda del PIB patiríem i durant quant de temps. Hi ha informes molt alarmistes i altres no tant. Ara bé, ningú sensat nega que, d'entrada, el saldo registraria pèrdues tant per al conjunt d'Espanya com per a Catalunya. El que passa és que el pacte subscrit per CiU i ERC pretén portar a terme la consulta de forma imperativa, unilateral. Costa imaginar que un escenari polític tan acarnissat pugui ajudar a sortir de la crisi. Per això el món econòmic i financer observa amb alarma i preocupació l'anunci, excitant per a alguns, del xoc de trens.
Finalment, no només és fal·laç vincular la celebració d'una consulta amb el final de la crisi, sinó que, en realitat, estem davant d'un autèntic disbarat. Plantejar la ruptura territorial i de l'Estat quan per desgràcia encara estem lluny d'iniciar la recuperació econòmica, enmig de la pitjor recessió que hem conegut, és una temeritat que deixa atònits els observadors europeus i internacionals, que prefereixen no creure's que el full de ruta sobiranista hagi d'arribar a complir-se.
LA PREGUNTA és per quina raó després de la patacada electoral de Mas, el procés independentista no només no s'ha frenat sinó que sobre el paper sembla haver agafat una determinació més gran. Passa que, en política, quan no hi ha alternatives previstes ni relleus en el lideratge, s'opta per guanyar temps, per viure a crèdit. Essencialment estem ara davant un problema d'ordre biogràfic. Mas no sap, ni sembla voler-ho, sortir de l'embolic. No vol passar com un traïdor. I a CDC no tenen per ara cap més opció que donar-li suport fins que arribi al final del camí. Hi ha dues situacions que se superposen. Primer, la paràlisi evident de l'acció del Govern, que pot agreujar-se per la renúncia que propugna ERC a elaborar pressupostos aquest any i el que ve, cosa que conduiria a una pràctica autosuspensió de l'autonomia. I, segon, quan el Tribunal Constitucional paralitzi l'anunciada consulta, CDC haurà d'elegir entre el suïcidi assistit de la mà dels republicans o la reconducció de la seva estratègia amb l'objectiu de tornar a guanyar temps fins al 2016. És la tesi que ja s'apunta entre línies escoltant el conseller Germà Gordó. Per això, el final polític d'Artur Mas es consumeix a terminis.