dissabte, 11 de febrer de 2017

El independentismo del 3%

JUAN CARLOS ESCUDIER

El 27 de febrero de 2005 la tierra se abrió en el barcelonés barrio del Carmelo y se tragó un garaje tras colapsar el túnel de la línea 5 del metro que estaba en construcción. Dos días antes se había desalojado el edificio contiguo por un primer desprendimiento que sirvió de aviso para evitar la tragedia. A raíz del hundimiento cerca de 1.290 personas tuvieron que abandonar sus viviendas. Nadie había controlado los cambios en el proyecto ni la propia la obra, cuya dirección fue adjudicada sin concurso ni publicidad. Faltaban estudios geológicos del subsuelo. El socavón de 35 metros de profundidad y 30 de diámetro llegó al Parlament. “Su problema es el 3%” le dijo Maragall a Mas, antes de rectificar por la amenaza de CiU de retirar su apoyo al proyecto de Estatut. Desde entonces han pasado doce años.
Este jueves la Guardia Civil detenía a 18 personas por su presunta implicación en la financiación irregular del partido del expresident. Algunos muy principales y muy cercanos al propio Mas, que dice que todo es un escándalo y una vergüenza. Se les acusa de lo de siempre pero en fechas muy recientes: amañar las adjudicaciones a empresas que previamente habían pasado por la caja de la fundación Catdem, vinculada a los convergentes. El 3% ha sobrevivido a Pujol y a la propia Convergència, que no ha podido blanquearse ni con un nuevo nombre.
Es una vergüenza, en efecto, que nada haya cambiado, que el modus operandi de los Prenafeta y Alavedra se haya perpetuado, que los sucesivos escándalos desde el Palau y su saqueo pasando por Adigsa, las ITV y, en general, los latrocinios de los Pujol y su pródiga prole sean camuflados como ataques a la causa del independentismo. A Mas se le juzga desde el próximo lunes por la consulta soberanista del 9-N y cree que la redada es un montaje para contrarrestar las manifestaciones de apoyo que ya se preparan para que el cáliz no le sepa tan amargo. No es ese el banquillo que tendría que ocupar ni las responsabilidades por las que tendría que rendir cuentas.
¿Es un escándalo que la operación se haya desarrollado en la semana previa al juicio? Quizás sea una maniobra. Lo realmente escandaloso es que un partido podrido maneje las riendas de un proceso legítimo en el que se han embarcado cientos de miles de catalanes y que sus aliados naturales o antinaturales se lo permitan, se encojan de hombros y hasta justifiquen las tropelías como una persecución del Estado español contra las aspiraciones del pueblo catalán.
Lo sugería hoy mismo, Enric Hernàndez, director de El Periódico: “A la espera de conocer su misterioso articulado, cabe preguntarse si, según la ley de Transitoriedad, los delitos contra la Hacienda española -a día de hoy, también catalana- serían perseguidos por la justicia de una futura República o gozarían de una patriótica amnistía”. ¿Es la independencia el único camino que han encontrado estos señores para blanquear sus atracos? ¿Son éstos los padres que se merece la nueva patria?