dimecres, 7 de desembre de 2016

7 DÍAS POR LA PROVINCIA DE CÁDIZ

SEXTA ETAPA: BORNOS

En nuestro viaje a la provincia de Cádiz no podíamos dedicar sólo un día a los Pueblos Blancos. Nos decidimos por Bornos que, después de Arcos de la Frontera era el primer pueblo de la segunda de las rutas que salen de Arcos.
El primer edificio singular que vimos fue el instituto que tiene su sede en lo que fuera el convento de Corpus Christi y que según nos explicarían por la tarde originalmente debía de ser una residencia de religiosos ancianos.
Fuimos recorriendo calles y sin pretenderlo llegamos a lo que sin duda es el edificio más noble y emblemático del pueblo: El castillo palacio de los Ribera. Accedimos a él por el jardín italiano que ocupa la mayor parte de su superficie. En el centro del jardín un templete con una fuente ornamental. Un pequeño cartel nos dio una referencia literaria de primer grado: en este lugar se inspiró Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber) para escribir su novela costumbrista Un verano en Bornos (1864).

En el mismo edificio se ubica la oficina de turismo donde nos dieron amplia información sobre el pueblo a la vez que nos invitaron a visitar las partes abiertas al público, aunque la verdad, como sus estancias no tienen muebles ni ningún elemento decorativo carecen de interés. Lo más interesante está en sus fachadas y, sobre todo, en su patio interior.  
Cuando la empleada de la oficina nos mostro el plano del pueblo me fijé que el palacio estaba justo en el centro y me dijo que, efectivamente, el pueblo se fue construyendo a partir del palacio.
Salimos por la puerta principal que da a la plaza Alcalde José González donde se localizan la casa consistorial y la Iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, además de otras viviendas de arquitectura interesante.

En la oficina de turismo cogí una tarjeta del restaurante Casa el Pengue, así que nos dirigimos hasta allí. Nos llamó la atención la variedad de platos de pescado y marisco que contenían tanto la carta como el menú, ya que no es normal que un restaurante alejado del mar esté especializado en este tipo de platos. Nos explicó el propietario que su padre se especializó en cocina marinera y que él ha continuado con la tradición. Siempre recordaré que en este lugar probé por primera vez (y hasta ahora única) el hígado de rape a la plancha, tal como nos recomendó el propietario. Si alguna vez vais por Bornos acordaros de este restaurante, de verdad que vale la pena. En verano cierra y abre en el camping junto al embalse.
Después de comer bajamos paseando hasta el embalse del río Guadalete que lleva el nombre de la población. De regreso al casco urbano visitamos la casa solariega de los Ordóñez, con blasones en la puerta. En la planta baja se encuentra la biblioteca municipal y el patio, el único elemento atractivo del inmueble, a parte de la fachada. Fue aquí donde nos informaron que el convento de Corpus Christi, todo y tratarse de un instituto se podía visitar.
Así que antes de marchar decidimos pasar por el antiguo convento. La única parte visitable era el claustro, pero no lo pudimos disfrutar como pretendíamos porque estaban con los preparativos de una boda que tenía que celebrarse al día siguiente.