divendres, 15 de novembre del 2013
El día que acabó la crisis...
Concha Caballero (Baena, Córdoba, 1956)
Es licenciada en
Filología Hispánica y profesora de Literatura en un instituto público.
Profesora de Lengua y Literatura. Hace ya unos años pasó,
felizmente, del ejercicio de la política a ser analista y articulista de
diversos medios de comunicación (El País, Por ahora, de la SER, Meridiano, de
Canal Sur Televisión). Amante de la literatura. Firmemente
humana con los temas sociales.
Cuando termine la recesión habremos perdido 30 años en
derechos y salarios...
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos
anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con
nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha
pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de
debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas. Conseguirán que
respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la
actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá
la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan
abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato
que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan
arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina
escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar
casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas
dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del
infierno de la desesperación, ENTONCES LA CRISIS HABRÁ TERMINADO.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, ENTONCES SE HABRÁ ACABADO LA CRISIS.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, ENTONCES NOS ANUNCIARÁN QUE LA CRISIS HA TERMINADO.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la
crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos
más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin
estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría
nuevamente en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.
dijous, 14 de novembre del 2013
LA PREGUNTA DEL DIA 14-11-2013
Té capacitat Junqueras per a convocar
una vaga d’una setmana a Catalunya?
Oriol Junqueras, el president d’ERC
ha amenaçat en convocar una vaga general d’una setmana a Catalunya si
l’estat no s’avé a deixar convocar el referèndum o cedir les competències
a la Generalitat per a que ho pugui fer. Si es dur a terme, el propòsit
del líder republicà és el d’aturar l’economia catalana durant una setmana.
Si hem estat capaços de mobilitzar 2 milions de persones a la cadena
humana, qui posa en dubte que podem aturar el país durant una setmana
–va remarcar Junqueras-.
Cal dir que, en principi, les vagues
generals, al estar relacionades amb el món laboral, les haurien de convocar
les centrals sindicals (UGT, CC.OO., CGT, USO, CNT...) Però no m’he quedat
aquí i he volgut buscar si, a part dels sindicats, algú més està legitimat
per a fer-ho.
Llavors m’he trobat amb un document
anomenat El derecho de huelga, signat per l’advocat José Manuel
Hernández que reafirmaria el que he dit. No obstant però, hi hauria una
vaga política. Literalment diu així:
d) Huelga política. El
artículo 11, a) del RDLRT de 1977, calificaba como ilegal la huelga convocada
por motivos políticos o por fines ajenos al interés profesional de los
trabajadores y fue declarado acorde al texto constitucional de 1978, por
la sentencia del TC (6) de 8-4-81, pero, a pesar de ello, existe una doctrina
de jurisprudencia pacífica (7) al entender que las huelgas generales convocadas
contra las medidas laborales adoptadas por el Gobierno son absolutamente
legales, dado que el fin de la huelga no es ajena al interés profesional
de los trabajadores convocados a la misma. En este sentido, el TC declaró
la legalidad de las huelgas generales de 2-6-85, 14-12-88 y la del 27-1-94,
únicas huelgas “políticas” sobre las que se ha pronunciado de momento.
(6) Tribunal Constitucional.
(7) Doctrina pacífica: Línea jurisprudencial
unánime.
A pesar de ser vagues polítiques
vull recordar que, en tots els casos, les vagues generals han estat convocades
per els centrals sindicals i mai per un partit polític, encara que aquest,
puguin recomanar als seus militants i votants que s’hi adhereixin a títol
personal.
Per tant, dedueixo que ni ERC, ni ANC
NI Òmnium Cultural estan legitimades jurídicament parlant a convocar una
vaga general d’una setmana a Catalunya per molta legitimitat moral
que puguin tenir.
I, encara que tinguessin la llei del
seu costat, m’agradaria matisar un parell de coses.
1.- L’enorme irresponsabilitat que significaria
convocar una vaga general en uns moments tant delicats econòmicament parlant.
¿Qui ens assegura que no hi hauria empresaris que, aprofitant l’avinentesa,
poguessin acomiadar els treballadors? En aquest cas, ¿es preocuparia
Junqueras en que poguessin (el treballadors acomiadats) reingressar als
seus llocs de treball o els hi buscaria feina per un altre costat?
2.- Comparar un hipotètic èxit en una
suposada vaga general catalana amb l’èxit obtingut a la Diada en la convocatòria
de la cadena humana és, senzillament, demagògic. Si bé no posaré en dubte
que entre el Pertús i Alcanar poguessin haver dos milions de persones,
cal dir que no tots (ni molt menys!) eren treballadors en actiu. Dic jo
que també hi havia de ver moltes persones desocupades, estudiants, menors
d’edat, jubilats, etc. I, evidentment, una cosa és sortir a manifestar-se
per Catalunya en un acte lúdic com va representar la cadena humana i l’altra
molt diferent, haver de perdre el sou durant 5 dies. I una darrera pregunta:
Els petits autònoms (bars, botigues de barri, tallers, etc.) es sumarien
a la vaga? Permeteu-me que ho posi en dubte.
LLIÇÓ MAGISTRAL
Esta Lección Magistral es aplicable
a todos los órdenes de nuestra vida ciudadana, política, social, religiosa
y familiar.
Seamos coherentes y hagamos un esfuerzo para no quedarnos en silencio, como solemos hacer en tantas y tantas ocasiones…
Una mañana, cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
- ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Juan, señor.
-¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! - gritó el desagradable profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
-Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?...
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
-"Para que haya un orden en nuestra sociedad"
-"¡No!" -contestaba el profesor-
-"Para cumplirlas"
-"¡¡No!!"
-"Para que la gente mala pague por sus actos"
-"¡¡¡No!!! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?...
-"Para que haya justicia", dijo tímidamente una chica.
-"¡¡¡¡Por fin!!!! Eso es... para que haya justicia. Y ahora… ¿para qué sirve la justicia?"
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo:
-"Para salvaguardar los derechos humanos"
-"Bien, ¿qué más?", decía el profesor.
-"Para discernir entre lo que está bien y lo que está mal"...
-¡¡Seguid!!...
-"Para premiar a quien hace el bien."
-Ok, no está mal, pero... respondan a esta pregunta: ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?....
Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
-Quiero una respuesta decidida y unánime.
¡¡¡¡NO!!!!, dijimos todos a la vez.
-¿Podría decirse que cometí una injusticia?
¡¡¡¡SÍ!!!, gritamos con rabia
-¿Por qué entonces nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. ¡¡¡Todos!!!. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!
-Vete a buscar a Juan -dijo mirándome fijamente-.
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la da dignidad y esta no se negocia.
Seamos coherentes y hagamos un esfuerzo para no quedarnos en silencio, como solemos hacer en tantas y tantas ocasiones…
Una mañana, cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
- ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Juan, señor.
-¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! - gritó el desagradable profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
-Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?...
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
-"Para que haya un orden en nuestra sociedad"
-"¡No!" -contestaba el profesor-
-"Para cumplirlas"
-"¡¡No!!"
-"Para que la gente mala pague por sus actos"
-"¡¡¡No!!! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?...
-"Para que haya justicia", dijo tímidamente una chica.
-"¡¡¡¡Por fin!!!! Eso es... para que haya justicia. Y ahora… ¿para qué sirve la justicia?"
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo:
-"Para salvaguardar los derechos humanos"
-"Bien, ¿qué más?", decía el profesor.
-"Para discernir entre lo que está bien y lo que está mal"...
-¡¡Seguid!!...
-"Para premiar a quien hace el bien."
-Ok, no está mal, pero... respondan a esta pregunta: ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?....
Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
-Quiero una respuesta decidida y unánime.
¡¡¡¡NO!!!!, dijimos todos a la vez.
-¿Podría decirse que cometí una injusticia?
¡¡¡¡SÍ!!!, gritamos con rabia
-¿Por qué entonces nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. ¡¡¡Todos!!!. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!
-Vete a buscar a Juan -dijo mirándome fijamente-.
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la da dignidad y esta no se negocia.
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