dimecres, 17 de desembre del 2014

LA DARRERA OPORTUNITAT PER A MAS?

Mas sé sap fort. Ha estat marcant els tempos i sap que ho pot seguir fent... Però fins a quan?
Segurament fins que als de ERC se’ls hi esgoti la paciència. Fins ara n’han tingut molta perquè creien en Mas i pensaven que qui millor que ell per a portar-los cap a la terra promesa.  
Però darrerament sembla que comencen a recelar del President. Intueixen que l’única cosa que pretén Mas és seguir aferrat a la seva poltrona mentre mareja la perdiu sense parar... Quina novetat!
Quan ERC tingui constatat que, efectivament, Mas es vol perpetuar en el temps ja sigui sent el president d’una autonomia espanyola o bé d’un nou estat independent només per a satisfer el seu ego persona, tal com apuntava dilluns al diari el Mundo el controvertit Salvador Sostres, el més normal és que el deixen caure.
ERC li acaba de donar la darrera oportunitat a Mas, una espècie d’ultimàtum encobert: No presentaran una esmena a la totalitat als pressupostos de la Generalitat per al 2015 a canvi de que fixi en un termini breu la data de les eleccions.
Això significa una mica més de temps per a Mas. Com un mes més. Després dependrà de l’actitud del President que, des del meu punt de vista, ha estat jugant amb els republicans i molts d’altres catalans que creien cegament amb ell.
Mas é com un tafur que juga amb les cartes marcades per a tenir avantatge. Vols ser jutge i parten el procés i desitja que el món volti al seu entorn.
La llista unitària proposada a la conferència del Fòrum era l’intent de continuar sent president al menys 18 mesos més (tal i com ella va dir)... I després? La resposta és molt fàcil. Si de veritat s’acabaven per assolir els objectius, una bona part de la societat (ja s’encarregaria CDC de fer la campanya necessària) li acabaran demanant que continuï. L’excusa perfecta per a desdir-se i mirar de renovar el càrrec.
Però quan un no para de fer trampes, al final, els altres jugadors se’n acaben cansant i això és el que està passant al si d’ERC. Als republicans només els hi falta un pèl per a trencar definitivament. Això i tenir una mica més de valentia.
I què passarà si finalment, en el termini d’aquest proper mes aproximadament, no hi ha acord?
Llavors Mas encara farà un darrer intent d’apropar-se al PSC i mirar de reeditar el pacte que s’ha fet a l’Ajuntament de Barcelona (qui ens ho havia de dir!) per mirar d’esgotar la legislatura... I després ja es veurà.
Una solució per acabar amb aquest període transitori i d’immobilisme polític seria la presentació per part d’ERC d’una moció de censura contra Mas. Però els republicans saben que si bé tots els grups estan, per uns o d’altres motius en contra del President, seria molt difícil aconseguir la majoria necessària que els hi donés l’èxit esperat.
ERC necessita els suports parlamentaris d’altres partits. Però qui? Dels socialistes? En principi descartats. De ICV-EUA? No tindrien la majoria suficient. De les CUP? Més del mateix...
L’única manera d’aconseguir els suports necessaris per a desbloquejar l situació seria renunciant als seus principis, es a dir, a la independència. Llavors, si que seria possible guanyar la moció i segurament, fins i tot votarien a favor els altres partits: PPC i C’s.
Tot plegat, massa embolicat.      

BARCELONA (1-12-2014) IX








PAISATGES DEL NOSTRE TERRITORI. PELS VOLTANTS D'AMPOSTA II
















Me caí del mundo y no sé por dónde se entra (para mayores de 50)

Eduaro Galdeano 

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De “por ahí” vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!! Los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.