dilluns, 4 de novembre del 2013

El precio de los medicamentos, crimen del siglo

Luis Matías López

Más de 10 millones de personas murieron –sobre todo en África, entre 1996 y 2001- por no poder acceder a los nuevos medicamentos antirretrovirales que permitían controlar el sida y suponían la gran esperanza de supervivencia para la legión de afectados por la peor plaga de la historia reciente. Las grandes compañías farmacéuticas, suculentos negocios con disparatados beneficios, bloquearon el acceso a los genéricos de bajo coste que habrían permitido salvar a todas esas víctimas, el doble de las que causó el Holocausto nazi. De la magnitud del despropósito da idea que el precio de venta del tratamiento anual para un infectado del VIH rondaba en Estados Unidos los 15.000 dólares, mientras que su réplica en India no superaba los 200, pese a lo cual aún resultaba rentable fabricarlo.
La codicia del conjunto de empresas multinacionales que se conoce como Big Pharma no habría prevalecido sin la complicidad de los gobiernos occidentales, principales contribuyentes a la investigación y desarrollo de nuevos fármacos. Esto desmonta el argumento de los grandes laboratorios para defenderse de la acusación de perpetrar con premeditación y alevosía el crimen del siglo: que esos precios desmesurados y el monopolio que supone en la práctica la prolongada protección de las patentes permiten las inversiones en I+D (entre el 4% y el 8% de los ingresos, según las fuentes) imprescindibles para desarrollar remedios contra las enfermedades más graves, desde el sida al cáncer o la malaria.
El lobby farmacéutico es tan potente que ese genocidio sanitario que se cebó sobre todo en África, en los más pobres entre los más pobres, se produjo sin una gran repercusión mediática, ignorado o tratado sin gran relevancia por los grandes medios de comunicación, pese a los gritos impotentes de un puñado de activistas y ONGs. De hecho, lo que más sorprendió al cineasta indo-irlandés Dylan Mohan Gray cuando, a mediados de la pasada década, tuvo conocimiento cabal del problema fue que no se hubiese dedicado ninguna película a exponer y denunciar la situación. Él llena en parte ese hueco con el documental Fire in the blood (Fuego en la sangre), que presentó la semana pasada en Valladolid en la sección Tiempo de Historia de la Seminci.
El filme ilustra la lucha de unos cuantos francotiradores que, en África y la India, se esforzaron durante años por acabar con el monopolio del Big Pharma. Por extraño que parezca, lo lograron, aunque el camino quedó sembrado de millones de cadáveres de infectados que no pudieron ser tratados por su falta de medios. Entre esos quijotes se encontraban Peter Mugyenyi, director del principal centro de tratamiento e investigación del sida en Uganda; el activista surafricano Zackie Achmat y, sobre todo, el investigador Yusuf Hamied, de la farmacéutica india Cipla, que se empeñó en una campaña a escala mundial para proporcionar antirretrovirales a precio de costo a los países más pobres y con más enfermos, así como para facilitarles la tecnología para producirlos in situ.
De golpe y porrazo, la plaga se controló. La mayoría de los afectados más graves resucitaron y pudieron hacer vida normal. David venció a Goliat, y superó los campos de minas plantadas por las multinacionales farmacéuticas, la incomprensión de la Organización Mundial de la Salud, la indiferencia de la UE y el rechazo activo de los Gobiernos de Estados Unidos y del resto de Occidente.
En el coloquio posterior al pase de Fire in the blood, Dylan Mohan Gray defendió lo obvio: que “el interés público debe imponerse sobre el de las grandes compañías farmacéuticas”, y que permitir que éstas se salgan con la suya, con la ética capitalista de obtener el máximo resultado con la mínima inversión, constituye un inaceptable “pacto con el diablo”. Con todo, su conclusión es pesimista: se ganó una batalla, pero se puede perder la guerra, si se hacen realidad los peores temores sobre el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Cooperación Económica (TPP), cuya negociación, rodeada del máximo secretismo, podría concluir este año.
El TPP pretende liberalizar las economías de la región Asia-Pacífico y se firmó en 2005 por Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, países a los que ahora se sumarán Estados, Unidos, Japón, Canadá, Australia, Malaisia, México, Perú y Vietnam. En conjunto, suponen dos quintos de la economía y un tercio del comercio mundiales. Y aún cabe la posibilidad de que el tratado, que podría servir de modelo para otros en el futuro, se amplíe a la totalidad de los 21 países de la APEC. Junto al pacto similar que discuten EE UU y la UE, las partes interesadas sostienen que el TPP supondrá un impulso a la economía del planeta que ayudará a paliar el fracaso de la ronda de Doha para liberalizar el comercio mundial.
Lo que temen Dylan Mohan Gray, y con él ONGs como Médicos Sin Fronteras (MSF), es que el TPP, en el caso concreto de sus estipulaciones para “defender la propiedad intelectual”, permita a las grandes empresas farmacéuticas mantener durante más tiempo el monopolio sobre la comercialización de nuevos medicamentos. O lo que es lo mismo, que se bloquee, con mayor dureza y por periodos más prolongados (hasta 25 años) la futura distribución de nuevos genéricos de bajo coste y de precio hasta centenares de veces inferior al de las marcas comerciales de Big Pharma. De esta forma, los tratamientos de, por ejemplo, diversos tipos de cánceres y del mismo sida, resultado de las investigaciones en curso y por venir, resultarían una vez más inaccesibles para gran parte de la población mundial, empezando, cómo no, por el África más pobre. MSF estima que, a menos que rectifique el rumbo de las negociaciones, “el TPP se convertirá en el tratado más dañino de todos los tiempos para el acceso a medicamentos en los países en desarrollo”.
En línea con lo defendido por numerosos activistas y organizaciones no gubernamentales, Dylan Mohan Gray propone una serie de medidas como que se prohíba que los propietarios de las patentes monopolicen el acceso a medicamentos que puedan salvar vidas, que se permita el libre acceso a la investigación realizada con fondos públicos y que los Gobiernos de EE UU y Occidente se comprometan a no ejercer presiones económicas ni amenazar con sanciones a los países en vías de desarrollo que pretendan facilitar el acceso a sus ciudadanos de medicinas esenciales. Un objetivo tal vez utópico, pero imprescindible si se quiere evitar otro crimen del siglo.

diumenge, 3 de novembre del 2013

FETA LA LLEI, FETA LA TRAMPA



És una d’aquelles frases fetes que, traduïda al castellà, segueix conservant el seu significat. No cal donar massa explicacions; crec que el seu significat s’entén a la perfecció: Per cada llei que es fa, sempre es troba la manera d’eludir-la.
Dilluns 21 d’octubre, Diari Ebre (que és el nom que pren Diari de Tarragona per a les nostres comarques) es feia ressò de la problemàtica dels nitrats a les aigües subterrànies del subsòl tarragoní. Són diverses les zones de la demarcació on els aqüífers estan altament contaminats. De moment sembla que no hi ha perill per a la població, però ja sé sap que tampoc cal crear una alarma innecessària.
Una d’aquestes zones (quatre en total) afecta a un bon nombre de poblacions de les comarques del Baix Ebre i Montsià on, des de fa diverses dècades, alguns pagesos de la zona van veure la ramaderia com una alternativa a l’agricultura tradicional de l’olivera, el garrofer o la vinya.
Entre els anys 60 i 70, on la llei era molt més permissiva i construir una granja estava més a l’abast de les economies dels nostres pagesos, la ramaderia intensiva d’aus (sobre tot pollastres) i porcs va patir un increment considerable. Tant popular va arribar a ser la cria i engreix de pollastres que fins i tot se’n criaven en magatzems i sales d’algunes cases particulars de l’interior del casc urbà dels pobles, fins que la llei va establir que la distància mínima a un nucli urbà havia de ser, al menys, d’un quilòmetre.
Tornant a la contaminació per nitrats que causen els purins (és així con s’anomenen els excrements dels porcs), cal dir que no significa cap novetat, ja que, el nostre territori ha patit episodis similars de fa un bon grapat d’anys, el que passa ara és que algú ha volgut estudiar-ho i donar-ne la informació necessària. Una cosa ben diferent és que s’hi vulgui posar solució. Recordo que fa uns anys es v parlar de Masdenverge com el terme més contaminat de les Terres de l’Ebre i la província de Lleida com un dels territoris que més patien els efectes de l’abocament de purins degut a l’alta concentració de granges porcines.
Però sabíeu que la majoria de les grans explotacions porcines que hi ha al nostre territori tenen capital holandès? Holanda va ser un dels països que va crear la Comunitat Econòmica Europea (el que ara coneixem per Unió Europea) Les seves postals de camps de tulipes son idíl·lics, però a cap d’aquestes postals hi surt una granja de porcs. El problema és millor exportar-lo a un altre país lluny de casa on, segurament, la llei que s’aplica es molt menys restrictiva.
Una d’aquestes empreses (Pordecona), s’ubica al terme d’Ulldecona, però prou apartada del seu nucli urbá com pera que la majoria de falduts ignorin la seva existència. Geogràficament es troba situada a tocar del terme de Godall, quasi que al costat de la carretera de Santa Bàrbara a la Sénia.
Quan s’havia d’instal·lar, els seus propietaris per mig d’amics i coneguts, van fer una campanya de recollida d’autoritzacions de propietaris d’explotacions agràries que els hi donaven permís  abocar els purins. Un amic em va demanar que li firmés una d’aquestes autoritzacions on, suposadament, els autoritzava a portar fins les meves finques els residus orgànics de la seva granja. I dic suposadament perquè mai hi han abocat ni una sola gota. De fet, no crec que sàpiguen on tinc les petites explotacions. Però com la llei diu que els purins s’hauran de repartir en un determinat número d’hectàrees, depenent dels caps de bestiar de l’explotació, amb les autoritzacions signades es demostra que s’està en disposició de poder-ho fer. Però a la pràctica els fets demostren una altra cosa i la concentració de l’abocament de purins en una determinada àrea acaben produint les esmentades contaminacions.  

XIQÜELOS I XIQÜELES DEL DELTA. JORNADA CASTELLERA DE GAVÀ. Les altres fotos III






















Em sento orfe



Des que es va aconseguir l'autonomia, he viscut amb la il·lusió (diguem-li utopia) de viure en un estat federal. Entenia que només es podia aconseguir des del partit socialista català (PSC). Que el PSC estiraria el PSOE cap a aquest objectiu... (encara recordo aquelles converses amb el Lluc sobre el federalisme...); però bé, el temps ha passat, i les tornes han canviat. Tot allò queda enrere. Avui el PSOE ha vençut. Potser per la manca de ganes (¿...?). Aneu a saber... La realitat és que per molt que es digui federal (el PSOE) no ho és, ni de bon tros.
Jo no he llegit gaires teòrics ideològics, ni pensadors, però estic convençut de la meva posició d'esquerres i socialista. De cap manera estic d'acord amb aquesta “socialdemocràcia” que està tan de moda, i que vol justificar un centralisme que...; en fi, potser en una altra ocasió comentaré el que en penso. Ara toca un altre tema.
Volia traslladar una qüestió que m'amoïna; qui votem els socialistes que estem a favor de la independència (diguem-li dret a decidir)? Segurament sortiran partits que diran “a mi, a mi, que nosaltres representem el que vols...”. Bé, a mi m'agradaria que fos un partit socialista de veritat, perquè és clar que el PSC no em representa ni de bon tros. Ara ens parlen, amb veu baixa, d'una tercera via: algú s'ho creu? I els que semblaven discordants amb la direcció i volien crear una plataforma o un partit? On sou? No entenc com podeu restar de braços plegats veient com aneu perdent el votant socialista (si no l'heu perdut ja) i encara no teniu la valentia (diguem-li piiiii) de fer el que s'ha de fer. I doncs, què espereu?, a ser un partit cantonal? Perquè, és clar, amb un 5% dels vots ja em direu... Ep, i el temps no és que sobri, s'acosta un 2014 mogut, mogut...

Desgraciadament som molts els que compartim el sentiment d'aquesta carta llegida dissabte passat al Punt Avui. Molts socialistes de tota la vida ( am vaig afiliar l'any 1983, però des de 1977 ja em sentia molt proper a les seves tesis) ens hem anat desenganyant en veure uns líders que no representen les nostres idees. I a sobre hem d'escoltar veus que venen de Madrid o Sevilla (ves a saber!) que diuen que el PSC cada cop és menys socialista i més nacionalista. Històricament el PSC sempre ha estat un partit nacionalista. Només cal fixar-nos en l'etapa de Maragall i fins i tot de Montilla. A Catalunya, per a ser nacionalista no cal votar ni a CiU ni a ERC, només cal sentir-se català i això és el que havíem pensat sempre des del PSC. 
En aquest moment, igual aquí com allí (llegiu PSC i PSOE) sembla ser que ni són carn ni peix. Cal redefinir l'ideari i, amb ell, el discurs a la ciutadania. Si no és així, cada cop més, els degoteig de desercions serà més gran. Només cal donar una ullada als resultats de les darreres eleccions i el baròmetres d'opinió que s'han publicat recentment.