diumenge, 20 de novembre de 2016

7 DÍAS POR LA PROVINCIA DE CÁDIZ

CUARTA ETAPA: ARCOS DE LA FONTERA Y GRAZALEMA
Uno de los motivos que nos llevó a hacer turismo en la provincia de Cádiz fue la ruta de los Pueblos Blancos, mejor dicho, las rutas, ya que existen al menos dos. Según la información recabada, las dos rutas principales comenzaban en Arcos de la Frontera. Así que una vez hubimos visitado El Puerto de Santa María, nuestro siguiente destino estaba mucho más que claro.
Camino de Arcos me pregunté el porqué de tantos pueblos andaluces que llevan el topónimo de la Frontera (ArcosJerezChiclanaConilAguilarMorón, etc.) cuando ninguno de ellos es frontera con ningún país. Utilicé la lógica y acerté: todos estos pueblos formaban la frontera con el antiguo reino moro de Granada. No hace falta decir la importancia estratégica y comercial que tuvieron en aquella época.
Cruzamos en coche el pueblo, para luego subir por unas empinadas y blancas escaleras y continuar por estrechas i no menos empinadas calles hasta llegar a la de la Corredera. Continuamos subiendo y enseguida encontramos la oficina de turismo. 

Para acceder a ella aún se tiene que subir otra empinada escalera (vaya, que no está adaptada para personas con movilidad reducida). Nos explicaron que uno de los atractivos del pueblo son sus miradores desde donde se pueden ver unas formidables vistas de sus alrededores. Junto a la oficina de turismo el nombre de una calle me llamó la atención: Manolita Chen (*).
A medida que vas subiendo, las calles tienen a estrecharse y en algunos puntos un coche pasa con dificultad, así que los peatones tienen que apartarse en el poco espacio que queda.

Llegamos hasta la plaza del Cabildo donde están los que seguramente son los edificios más representativos de la población: La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, el Parador de Turismo, la Casa Consistorial y el acceso al castillo. Y en el lado opuesto a la iglesia, el primer mirador.
Seguimos nuestro recorrido pasando por delante de la iglesia de S. Francisco, junto al mercado municipal que ocupa lo que había de ser una iglesia jesuita y de la que aún conserva algún elemento arquitectónico, la iglesia de S. Pedro, el palacio del Mayorazgo, con su jardín andalusí, algunas casas-palacio con sus puertas nobles y sus blasones, etc. Y, por supuesto, más miradores…   













Después de visitar lo creímos que era la parte más interesante de Arcos, nos dirigimos a Grazalema, entre los muchos pueblos que teníamos para elegir. Y lo cierto es que quedamos complacidos. Recorrimos el pueblo desde la parte alta, allí donde vivían los jopones hasta la parte baja que es donde se concentran la mayoría de los monumentos y que en tiempos pasados  habitaban los jopiches (**)La Casa Consistorial, las iglesia de Nuestra Señora de la Aurora, de estilo barroco y la de Nuestra Señora de la Encarnación y la de S. Juan, así como el monumento al toro de cuerda, una de las tradiciones de la localidad.    

En la parte alta queda la iglesia de S. José y justo en el límite de los dos barrios otra fuente. Existe un recorrido por el casco urbano denominado la ruta del Agua.
En la parte posterior de la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación está el mirador de los Asomaderos que, aparte de una excelente vista, también se puede ver una parte de lo que fue un sendero romano.  
Antaño, la sierra de Grazalema fue refugio de bandoleros, como por ejemplo José María el Tempranillo, cuya mujer era hija del pueblo y su hijo fue bautizado en su iglesia parroquial.








(*) Sobre todo durante las décadas de los años 50, 60 y 70 había varios teatros ambulantes de variedades que llevaban su picardía a todos los rincones de la geografía española. Me acuerdo del Teatro Argentino que solía ir cada año a Tortosa y que se ubicaba en las inmediaciones del parque Teodoro González y del Teatro Chino de Manolita Chen que vi alguna vez en Tarragona, en un gran descampado que había junto a la plaza Imperial Tarraco. Obviamente los menores de edad teníamos prohibida la entrada.


(**) Los nombres jopones y jopiches se utilizaba para distinguir a los pobladores de uno y otro barrio de Grazalema.
Los jopones, habitaban en el barrio alto de la localidad de Grazalema, que está constituido por manzanas de forma rectangulares con calles largas, una de las cosas que destacan de este barrio son sus estupendas vistas. La mayoría de los jopones pertenecían a la hermandad de Nuestra Señora del Carmen y se dedicaban al pastoreo y la ganadería.
Los jopiches, habitaban en el barrio bajo de la localidad de Grazalema, destaca por los edificios más singulares de la ciudad (monumentos). Los jopiches pertenecían a la hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles, y eran obreros de la fábrica de textiles y batanes.