dissabte, 16 d’abril del 2016

TRES TREPIDANTES DÍAS POR LAS COMARCAS DEL MASTRAZGO DE TERUEL Y ‘ELS PORTS’ (CASTELLÓN). DÍA PRIMERO

LA IGLESUELA DEL CID

El siguiente alto en el camino sería en la Iglesuela del Cid, un pueblo que no habíamos pensado visitar, pero que aconsejados por la dueña del establecimiento donde nos hospedábamos en Morella, decidimos comprobar en vivo y en directo que, efectivamente valía la pena pasar allí unas pocas horas. Nos había dicho la señora:
-Tenéis que visitar la Iglesuela…. La verdad es que vale la pena… Yo me pasaría horas viendo las cornisas de sus edificios… De madera torneada todas son distintas y no sabes cuál es más bonita…
Aparcamos el coche en la carretera que cruza el pueblo y que por donde ya habíamos pasado por la mañana en sentido contrario. Cogimos la primera calle que hacía un poco de cuesta y lo primero que nos sorprendió fue el puente que prácticamente impedía pasar sino era por un pequeño ojo que había justo en la parte central. Con toda seguridad estábamos en el lecho de una pequeña riera.  

Subimos por una cuesta paralela al puente y una vez arriba, justo enfrente vimos una torre (llamada de los Nublos del s. XIII) y el  campanario de la Iglesia de la Purificación (siglo XVIII). Pero antes nos paramos para ver una extraña construcción que había al lado del paso del puente: una fuente cubierta. Es decir, una construcción abierta por dos de sus lados que en su interior albergaba una fuente del siglo XIX, conocida como la Fuente Nueva.
Continuamos por aquella calle y enseguida vimos un gran edificio con uno de sus famosas cornisas y justo a su lado otra de todavía más imponente; la casa Aliaga en cuyos bajos se encuentra la oficina de turismo. De todas formas decidimos ir hacia la derecha en busca de la puerta de acceso a la iglesia. Cruzamos un portal y nos encontramos con el rincón más notable del pueblo: el edifico que alberga el ayuntamiento porticado hacia el interior de la plaza (s. XVI), la fachada principal de la iglesia y la casa Blinque (anterior al s. XVI) i que tiene adosado un escudo del Temple. En este preciso lugar un día albergó el antiguo castillo templario del cual todavía conserva la torre y las mazmorras.

Un pequeño callejón en forma de ‘4’ nos lleva a una de sus principales calles. Justo en este lugar la entrada de la Hospedería que ocupa en parte el palacio Matutano-Daudén construido en el siglo XVIII. Esta calle se llama de Ondevilla y también tiene edificios destacables como la casa de las Notarías (s. XVI) y como no, con sus correspondientes cornisas y en alguno de ellos incluso blasones. 
Al final de la calle encontramos el barranco del Canto, que cruza el pueblo, mientras un rebaño de ovejas venía hacia nosotros. El cauce del barranco contiene pequeños huertos delimitados por márgenes de piedra en seco con la peculiaridad de que las piedras superiores están colocadas en vertical, una característica de este territorio. El pueblo continúa al otro lado del barranco, pero no llegamos hasta allí.

Volvimos a subir y nos encontramos con la plaza que hay justo detrás de la iglesia. Una puerta con arco abiertas en lo fue la antigua muralla, nos abrió paso a otra plaza, esta de dimensiones más pequeñas. Y como no, nuevos edificios (los palacios renacentistas Aliaga y Guijarro) con nuevas cornisas y nuevos escudos heráldicos. Allí mismo, otra puerta nos volvía a dar acceso al barranco. En el medievo debió de ser una de las principales puertas de entrada a la población. Todavía tuvimos tiempo de pasar por delante del antiguo hospital reconvertido en Casa Santa Pau que conserva su elegante portal con un blasón en su parte superior y la casa de los Agramunt de estilo barroco.  
Entonces decidimos hacer un alto en el camino y entramos en un bar para recuperar fuerzas. En su entrada había un portal de piedra y en su piedra angular (o clave) tenía gravadas dos cruces de ocho beatitudes junto con una fecha: 1760.

Dimos por terminada nuestra visita a la Iglesuela y, la verdad, hay que dar la razón a la propietaria de los apartamentos: ¡Mereció la pena!
Nos dirigimos hacia Morella y antes de llegar nos topamos con una gran vista panorámica de la ciudad amurallada mientras caía la tarde y se ponía el sol.