dissabte, 2 de març del 2013

Sanidad catalana: la cara oscura de un sistema que se creía modélico

Albano Dante
Cafèambllet
Mientras hubo dinero las cosas fueron sobre ruedas. El sistema sanitario catalán ha sido durante los últimos años un referente de calidad indiscutido a nivel mundial. Con una de las inversiones porcentuales de PIB más bajas de Europa, los catalanes disfrutaron de un sistema de una calidad por encima de la media europea. Pero detrás de estos éxitos, se escondió durante años una realidad mucho menos ejemplar: la de un sistema opaco, caracterizado por el amiguismo, el enriquecimiento escandaloso de personas y empresas cercanas al poder y el fallo generalizado de los sistemas de control. Ahora, la bajada del caudal de dinero público que riega el sistema sanitario deja al descubierto muchas de estas miserias. Miserias que, curiosamente, están protagonizadas por las mismas personas que hoy se presentan como los ‘expertos’ capaces de ‘reformular’ el sistema para hacerlo ‘más eficiente’.
En los últimos meses la opinión pública catalana ha visto con incredulidad e indignación como lo que hasta hace poco era un motivo de orgullo se ha convertido en el paradigma de la mala gestión de lo público. Y lo peor de todo es que todo apunta a que solo es el principio.
Ante el creciente número de escándalos, cada día se hace más difícil pensar en que se trata de prácticas aisladas protagonizadas por individuos sin escrúpulos y todo apunta a que nos encontramos ante un problema estructural. Una estructura pensada para favorecer prácticas muy alejadas del interés general. A continuación nos referiremos a cuatro casos concretos protagonizados por cuatro personajes muy relevantes en la sanidad catalana. Cuatro casos que nos ayudan a hacernos una idea de la magnitud de la tragedia sanitaria catalana.
Ramon Bagó: entre lo público y lo privado
La dificultad para ver dónde acaba lo público y empieza lo privado es una constante en la sanidad pública catalana. Un hecho que Ramon Bagó —ex-alcalde de Calella y alto cargo en la época de Jordi Pujol— encarna a la perfección. Un reportaje publicado por la revista Cafèambllet lo describía como “el hombre que se contrataba a si mismo con dinero público”. Por un lado tenemos al Ramon Bagó público, fundador del Consorci Hospitalari de Catalunya (CHC). Un ente que gestiona decenas de hospitales financiados con dinero público. La otra cara de Ramon Bagó es empresarial: paralelamente a su carrera política y gestora de lo público, Bagó construyó un imperio —el Grupo Serhs— formado por más de 60 empresas. Unas empresas que tienen en los contratos públicos una de sus principales fuentes de ingresos. Un ejemplo de esto es la división de catering del Grup Serhs que da de comer en escuelas públicas, prisiones y hospitales financiados por la Generalitat. El problema llega cuando decenas de millones de euros de estos contratos obtenidos por Bagó llegan desde los hospitales públicos gestionados por el CHC… dirigido por Bagó. Según el diario El País, Bagó recibió 50 millones en contratos del CHC, 15 de los cuales de manera irregular. La Oficina Antifraude, dependiente del Parlament de Catalunya, abrió una investigación y concluye que “ve delito” en las adjudicaciones a Bagó y por eso ha trasladado un informe de 8.000 páginas a la Fiscalía, que actualmente investiga el caso.
Josep Prat: poderoso en la sombra
La entrada de David Vidal al ayuntamiento de Reus (Tarragona) supuso el principio del fin de uno de los hombres más poderosos de la sanidad pública catalana. El joven regidor de la formación Candidatura d’Unitat Popular rompió el pacto de silencio que, a lo largo de décadas, permitió a Josep Prat mover los hilos sanitarios sin control. A través de la empresa municipal Innova Prat logró hacerse con el control del 75% del presupuesto municipal de Reus y con el control casi absoluto del hospital de Reus, su gestión y la construcción de su nuevo y espectacular edificio. Vidal también descubrió que Prat cobraba 27.000 euros, hasta entonces secreto. Pero había más: mientras que dirigía el Instituto Català de la Salut (ICS) (la empres pública que gestiona la mayor parte de los grandes hospitales públicos catalanes) Prat era vicepresidente de United Surgical Partners, la empresa de hospitales privados más grande e España. Pero lo que finalmente hizo dimitir a Josep Prat de la presidencia del ICS fue lo que se conoce como Caso Manté
Carles Manté
Pocos meses después de abandonar la gerencia del ICS, Carles Manté fundó la consultoría CCM Consultoría Sanitaria. Apenas 8 días después de su fundación la empresa recibía de parte de Josep Prat el primero de los contratos que durante cuatro años reportaron a Manté casi 800.000 euros por “trabajos de consultoría”. Unos trabajos de los que no hay más rastro que unos pocos folios firmados por Manté. Hasta hace pocas semanas Manté era el presidente de los hospitales de Blanes y Calella. Unos hospitales cuya irregular actividad quedó registrada en el escandaloso ‘Informe Crespo’.
El Informe Crespo
La presión del poder político consiguió que La Sindicatura de Cuentas frenase el ‘Informe Crespo’. Este informe detallaba les irregularidades cometidas por Xavier Crespo —entonces alcalde de Lloret y hoy diputado de CiU muy famosos últimamente por sus supuestas conexiones con la mafia rusa— como gestor en empresas de los hospitales de Blanes i Calella. Unas irregularidades que, según El País, significaron pérdidas cercanas a los 3 millones de euros. El Informe Crespo —que solo vio la luz gracias al trabajo periodístico— es un ejemplo del estrepitoso fracaso de los sistemas de vigilancia  y control sobre la gestión de la sanidad pública catalana. Un fracaso que ha permitido que los cuatro casos descritos hayan sido posibles. Un fracaso que, con seguridad, deparará muchos más escándalos.